Emociones auténticas, emociones sustitutivas y emociones elásticas.

Aprende la diferencia entre emociones auténticas, emociones sustitutivas y emociones elásticas.

¡Hola! Hoy estoy emocionada porque voy a hablarte precisamente de emociones. Porque todos nos emocionamos (si estamos relativamente sanos), es algo universal. Sin embargo, a veces nos sienta bien emocionarnos y otras no tanto. Porque hay algunas emociones que nos sirven de guía, nos motivan a la acción y nos ayudan a adaptarnos. Y otras que parece que no sirven para nada, ¿verdad? Ya hablaré en otro momento de alguna de las principales emociones como el miedo o la tristeza y de su misión. Sin embargo, aquí quiero contarte algo diferente que me parece muy interesante.

Índice del artículo Emociones auténticas, emociones sustitutivas y emociones elásticas.

En esta entrada te voy a explicar:

  1. Qué son estos tres tipos de emociones: auténticas, sustitutivas y elásticas
  2. De qué forma podemos hacer que nuestro niño aprenda (o habremos aprendido nosotros) las peligrosas emociones sustitutivas
  3. Qué consecuencias puede tener no experimentar las emociones auténticas
  4. Si son reversibles estas consecuencias
  5. Qué puedo empezar a hacer ya para mí y para mi peque
  6. Preguntas importantes que puedo hacerme para empezar a tomar conciencia y experimentar emociones naturales

 

1. Qué son estos tres tipos de emociones: auténticas, sustitutivas y elásticas

Berne es el autor de esta distinción tan útil entre estos tres tipos de emociones. Veamos los tres tipos de emociones:

Las emociones naturales son las que experimenta un niño sano de forma natural.

Son acordes a la situación, proporcionadas y fácilmente reconocibles. Son aquellas que, al ser expresadas, duran poco y permiten ser liberadas para recuperar después la homeostasis o equilibrio natural psicológico.

Las emociones sustitutivas, en cambio, no son las que experimenta un niño de forma natural, son las que ha aprendido.

Son más sociales que instintivas. Normalmente no se ajustan a la situación pudiendo ser desproporcionadas, puede haber incoherencias en su manifestación, no son auténticas. Con frecuencia son mejor aceptadas socialmente que las emociones naturales. Sin embargo, al no ser las emociones verdaderas, su expresión no libera del todo el malestar impidiendo que se cierre el círculo y que se recupere el equilibrio. Es como si hubiéramos decidido (a veces inconscientemente) tapar la emoción verdadera mal vista por otra más bonita pero que realmente no nos ayuda.

Las emociones elásticas son aquellas emociones que experimentamos ahora aunque están actualizando una emoción pasada que no pudo expresarse y liberarse.

Ocurren cuando en el presente algo guarda cierto parecido por ilógico que sea con un evento del pasado estresante. En este evento pasado, experimentamos un malestar emocional que no ha sido reconocido o expresado, o que ha sido censurado, y por eso en el presente se despiertan en nosotros estas emociones muchas veces de forma desproporcionada a la situación. Uno mismo puede reconocer que ‘no era para tanto’.

 

2. De qué forma podemos hacer que nuestro niño aprenda las peligrosas emociones sustitutivas haciendo un flaco favor a su salud psicológica

Hay principalmente cuatro formas:

1.Sirviendo nosotros mismos de ejemplo

Por ejemplo, cuando nos obligamos a mostrarnos fuertes y en realidad sentimos miedo. O cuando no nos permitimos mostrar la tristeza y la camuflamos de ironía o poniendo música alegre…

2.Descalificando a los que expresan emociones naturales

Por ejemplo, diciendo que es un maleducado un niño cuando se ha enfadado con razón. O cuando grita una niña de alegría y decimos que no sabe comportarse.

3.Acariciando o premiando las emociones sustitutivas, es decir, reforzándolas

Por ejemplo, alabando a un niño cuando acaba de caerse y se hace el duro aunque va cojeando. O cuando un niño está enfadado pero da un beso para conseguir una chuche y le premiamos dándosela sin atender su emoción de rabia.

4.Dando una orden expresa

Por ejemplo, siendo nosotros los que pedimos que dé ese beso a alguien cuando lo que siente es rabia o asco hacia esa persona. O cuándo decimos que las niñas no gritan, o que en esta casa no se llora. O cuándo ordenamos: ‘no estés triste que bastante tengo yo’ y les prohibimos sentir lo que están sintiendo realmente.

 

3. Qué consecuencias puede tener no experimentar las emociones auténticas

La consecuencia es que transformamos a ese niño en un adulto analfabeto emocional que no sabe ni lo que siente ni por qué lo siente. Este adulto vivirá confundido, inseguro, ya que no cuenta con la brújula de sus emociones para guiarse. Seguramente padezca también problemas de comunicación y, en general, más ansiedad o somatización que otros niños.

En su día a día, expresará emociones sustitutivas o elásticas ya que al no haber reconocido las naturales en su momento, no pudo cerrar el círculo y recuperar el equilibrio.

Por ello, en el presente puede tener reacciones emocionales desproporcionadas o desajustadas, o demasiado intensas o casi nulas.

No ha podido digerir e integrar las experiencias intensas del pasado por completo y vive actualizando las emociones no resueltas de estas experiencias.

Así es más difícil que consiga sus objetivos, que comprenda su vida, y que alcance la satisfacción y felicidad que todo ser humano merece.

 

4. Son reversibles estas consecuencias

Sí, siempre se puede aprender inteligencia emocional para reconocer las emociones propias y del otro, tomar conciencia de si son naturales o no y empezar a gestionarlas para nuestro beneficio.

Es cierto que muchas veces el camino puede ser muy largo y arduo, sobre todo si ha habido situaciones estresantes que han podido condicionar en la personas muchas emociones elásticas. En estos casos, es de gran ayuda la intervención de un profesional para ayudar a reprocesar algún evento traumático a través de la sincronización de los hemisferios cerebrales. Una vez que se resuelve esta situación del pasado y se entienden las razones del desajuste emocional del presente, es mucho más fácil empezar a reconocer las emociones naturales y vivir más tranquilo y feliz gracias a ellas.

 

5. Qué puedo empezar a hacer ya para mí y para mi peque

1.Tomar conciencia e invitar a tomar conciencia

Pregúntate: ¿Qué siento con esto? ¿Me enfada, me entristece, me da miedo? ¿Hay algo más debajo de eso? ¿Cómo de grande es lo que siento y dónde lo siento? Pregúntale las mismas preguntas a tu peque: ¿Qué sientes con esto? ¿Te enfada, te pone triste o te da miedo? ¿Hay algo más debajo de eso? ¿Cómo de grande es lo que sientes y dónde lo sientes? Puedes invitar a tu peque a escenificar con sus manos si es mucho, poco o regular, como cuando preguntamos cuánto nos quieren para que abran mucho los brazos diciendo mucho.

2.Validarlo, permitir sentir y manifestar la emoción verdadera

Para ello, puedes decirte: Está bien, vale, ok, claro, me entiendo, puedo sentir esto. O puedes decirle lo mismo a tu peque: Está bien, vale, ok, claro, te entiendo, puedes sentir esto.

3.Decidir cambiarlo si no me sienta bien

¿Quiero estar así ahora? ¿Por cuánto tiempo? ¿Qué puedo hacer ya para estar mejor? Haz algo diferente si quieres obtener resultados diferentes. Cambia lo que acostumbras a hacer. Si normalmente sientes rabia y estallas, cambia de lugar cuando sientas que te estás enfadando y pide tiempo. Si te entristeces y no hablas, cuando en el fondo sientes rabia, permítete decir estoy triste, aún no estoy preparada para hablar. Y si sueles mostrarte muy alegre cuando estás realmente con otra emoción predominando en tu interior, permítete no acudir a algún evento aunque cuenten contigo y recógete en casa. Puedes tener que aprender habilidades nuevas para hacer algo diferente pero sin duda compensará el esfuerzo. De la misma forma puedes preguntar a tu peque ¿Quieres estar así ahora? ¿Cuánto tiempo, un momentito o un rato (no tienen la misma noción del tiempo que nosotros)? ¿Te apetece hacer algo distinto para estar mejor? ¿Qué se te ocurre? ¿Quieres que te ayude?

4.Pedir ayuda

Si no sabes conducir un coche, podrás mirar tutoriales en internet pero también irás a dar clases, ¿verdad? Pues si no sabes conducir tus emociones o conducirte tú mismo dentro de ellas, puedes pedir ayuda también. De esta forma, estarás enseñando a tu peque que no eres perfecto y que siempre se puede estar aprendiendo. Puedes decirle  que es normal pedir ayuda y que si él quiere, tú puedes tratar de ayudarle o de buscar a alguien que le ayude porque no siempre lo sabes todo.

 

6. Preguntas importantes que puedo hacerme para empezar a tomar conciencia de mis emociones

  1. ¿Cómo suelo sentirme en mi día a día?
  2. ¿Qué emoción es la principal en mí?
  3. ¿Con qué emoción me quedo enganchado normalmente?
  4. ¿De quién pude aprenderlo?
  5. ¿Y qué emoción o emociones no me permito expresar?
  6. ¿Quién en mi casa hacía lo mismo?
  7. ¿Qué estoy enseñando a los demás y, en concreto si los tengo a mis niños?
  8. ¿Les permito expresar todas sus emociones?
  9. ¿Siento que tengo emociones elásticas?
  10. ¿Me veo capaz de gestionar mis emociones y recuperar las emociones naturales?

 

Si te ha gustado esta entrada, dedica unos minutos a responder estas preguntas. Y si sientes que necesitas ayuda, te entiendo. Yo también necesité ayuda, sobre todo para trabajar esas emociones elásticas que me conectaban con momentos de mi vida que casi no recordaba pero que me estaban haciendo en el presente saltar, reaccionar y sufrir.

Si crees que puedo ayudarte y quieres gestionar mejor tus emociones, pide tu sesión de valoración gratuita y nos vemos muy pronto.

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Te quiero invitar también a leer aquí una entrada que escribí acerca de la dependencia emocional y el miedo a la soledad, espero que te resuene:

 Miedo a la soledad

Aquí te dejo un enlace al blog de Miriam Tirado y alguno de sus artículos de gestión emocional en la crianza:

https://www.miriamtirado.com/tag/gestion-de-emociones/

Y una entrada interesante que habla de emociones parásitas que tampoco son las emociones propias naturales:

https://www.parentepsis.com/emociones-parasitas/

 

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