Diálogo interno y autoestima: Palabras que hieren o palabras que nutren

Un estudio publicado en la Revista New Scientist por Lisa Raffensperger demuestra que palabras utilizadas de forma agresiva pueden causar dolor físico. Este dolor se refleja en el mismo lugar del cerebro en el que sentimos dolor cuando recibimos una puñalada o un fuerte golpe.

Las palabras causan dolor especialmente a la persona a la que van dirigidas, aunque, con menor intensidad, también pueden causar dolor a la persona atacante. Dañando a los demás, te dañas a ti mismo.

Ahora imagínate por un momento que la persona que daña y la dañada son la misma… Puedes suponer que el daño que somos capaces de hacernos a nosotros mismos con nuestro diálogo interior cuando nos boicoteamos o recriminamos sin ninguna compasión es mayor que el que pueda hacernos cualquiera. Y, sin embargo, a veces es lo que hacemos, nos convertimos en nuestros peores enemigos. Ya escribí un par de artículos acerca de las consecuencias psicosomáticas de actuar de este modo.

 

“La Persona más influenciable con la que hablarás todo el día eres Tú. Ten cuidado acerca de lo que te dices a ti mismo”

Zig Ziglar

 

Pero hoy quiero mostrar el otro extremo, el punto en el que aprendemos a hablarnos a nosotros mismos con cariño y compasión. Podemos aprender a consolarnos como lo haría nuestro mejor amigo, animarnos como nuestro mejor entrenador y piropearnos como nuestro mejor admirador. Y es que, igual que hay formas de hablar que limitan y favorecen un estado de indefensión, desvalimiento e impotencia, hay otras que potencian, nutren y favorecen un estado de sabio entusiasmo, de motivación consciente y que facilitan que uno conecte con sus mejores recursos y virtudes.

 

Háblate como te hablaría tu mejor amigo.

 

¿Eres capaz de recordar un momento en que te ha salido algo muy bien, estabas satisfecho contigo mismo y te sentías feliz? ¿Un momento en el que todo parecía fluir y tú estabas como pez en el agua? Tráelo a tu mente ahora y recréate en ese momento. ¿Qué veías, qué oías, qué sentías, cómo te movías? Y, lo más importante, ¿cómo te hablabas a ti mismo? Regístralo en tu mente y ve un paso más allá. Imagínate cómo hablaría de ti alguien que te quiere y te aprecia mucho después de que consiguieras ese logro. ¿Qué cosas buenas diría de ti? ¿Cómo las expresaría? Regístralo también en tu mente y luego anótalo en un papel para poder releerlo junto a las palabras que te dices a ti mismo cuando estás fluyendo en una tarea en la que te desenvuelves fácilmente, disfrutas y te sienta bien.

¿Y si empezases cada día de esta semana releyendo lo que has escrito y prestando más atención a cómo te hablas a ti mismo? ¿Quizás te sentirías con más energía y motivación para hacer las cosas un poquito mejor?

 

Sé tu mejor amigo, trátate con amor.

 

No dejes que tu diálogo interior te paralice o desmotive, permite que tus palabras te nutran y estimulen. Todo el mundo saldrá ganangoJ

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