Somatización y autosabotaje. Cuando mi peor enemigo soy yo: ¿Qué puedo hacer? La silla vacía.

¿Qué hacer cuando tú mism@ saboteas tus proyectos, cuando conoces el camino que deseas recorrer y tus piernas van hacia el contrario? ¿Qué hacer cuando eres a la vez la víctima y el verdugo? Te propongo la silla vacía.

Puedes leer esta entrada antes de hacer la silla vacía para comprender un poco más acerca del autosabotaje, la somatización o retroflexión.

Para trabajar en casos de retroflexión, es necesario que estas dos partes (verdugo y víctima) se vuelvan conscientes y se expresen de modo que el conflicto pueda ser elaborado.

Hay que conectar con la emoción y buscar la forma de drenar hacia fuera esa energía para que supure al exterior en lugar de contaminar el interior.

Para ayudar a tomar conciencia de ambas partes, verdugo y víctima, opresor y oprimido, se puede realizar la técnica de la silla vacía.

La silla vacía:

Te propongo que te sientes en una silla y sitúes frente a ti otra silla vacía. Cada silla representa una parte de ti.

Desde la silla en la que estás sentado, relájate y ponte en contacto con la parte de ti que ejecuta el papel de víctima y establece un diálogo creativo con la parte de ti que actúa de verdugo. Pregúntale: ¿para qué me obligas a hacer esto? ¿por qué me castigas? ¿qué necesitas satisfacer? Pregúntale también qué podrías hacer para que dejase de oprimirte.

Espera a recibir alguna respuesta y después siéntate en la otra silla, ponte en contacto con el verdugo que hay en tu interior y dialoga desde esta nueva posición con la víctima.

Transcribe a un papel la información importante.

La resolución del conflicto, después de la toma de conciencia, siempre pasa por completar la acción dirigiéndola hacia fuera.

Es necesario redireccionar emocional y expresivamente el impulso centrípeto hacia un impulso centrífugo. A veces surge el temor porque muchas de las retroflexiones suelen ser agresiones.

Desde la psicomagia propuesta por Jodorowsky, te sugiero realizar un acto simbólico hacia el entorno para verter hacia fuera esa energía.

Si, por ejemplo, se me inflama la garganta antes de dar un concierto porque siento inseguridad y también rabia hacia aquella monja que me dijo con nueve años que cantaba mal, puedo escribir el nombre de aquella mujer en las suelas de mis zapatillas. De esta forma, la pisotearé simbólicamente cada vez que salga a correr hasta que su nombre quede borrado.

La agresividad no va a desaparecer porque miremos para otro lado, es mejor mirarla de frente y reconducirla para que no se vuelva contra nosotros, para que no nos convirtamos en nuestros propios verdugos.

El acto tiene que ser representativo para mi inconsciente y tiene que permitir que esa energía vuelta hacia mí mism@ sea liberada hacia el exterior y de una forma simbólica o real, hacia esa parte del entorno que la suscitó.

Gracias a la acción, me libero de la carga y dejo de sentirme a merced de esa fuerza autodestructora.

Elige qué acto simbólico puede ayudarte a sacar fuera esa energía que está bloqueando la preciosa luz que mora en tu interior.

Échale imaginación y lleva a cabo esa acción poniendo la conciencia de que a través de ella dejas salir fuera esa fuerza para que siga su curso lejos de ti.

 

El día que el ser humano emplee toda la energía que destina a destruirse a la construcción de algo bello, se conmoverá seguro de la grandeza de su creación.

 

 

 

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