Un año contigo, María

Un año ya en nuestras vidas.

Parece increíble. Hubo un tiempo en el que me sumí en la desesperanza y pensé que nunca llegarías. Por suerte, duró poco y seguimos intentando con todos nuestros medios traerte a nuestras vidas.

Y un día aceptaste.

Recuerdo ver ese test positivo la noche de aquel 15 de agosto, el día de la Virgen (acabaría siendo el día de tu santo, María). Perdona que no confiásemos en que estabas con nosotros. Aquella noche tu padre me dio un beso a mí y otro a ti a través de mi tripilla.

El día que viniste, adelantándote un poco a lo que esperábamos, fue mágico.

Traerte a este mundo de la mano de papá, cantándote y gritando todo lo que quise fue una experiencia única. Ver asomar tu cabeza y tenerte al fin en brazos fue lo más emocionante que me ha pasado en la vida. Mejor no lo hubiera soñado. Gracias por ponérmelo fácil para traerte con un parto natural como deseaba.

Los primeros meses, en cambio, fueron duros, muy duros, mucho más de lo que imaginé.

La lactancia se complicó y pasabas horas y horas en mi pecho (la verdad que si ahora te dejara, creo que también lo harías, jeje). Y por las noches solo querías brazos o pecho y no podías dormir más de hora y media seguida. Y lo que pensé que duraría unas semanas, duró unos meses, demasiados meses para poder llevarlo bien sin sentir un cansancio extremo. Has puesto a prueba mis fuerzas. Y, sobre todo, mi capacidad de pedir ayuda. Gracias a tu padre presente en todo momento y a tus abuelos pude seguir alimentándote sin desfallecer. Fui cabezota pero por suerte pude disfrutar finalmente de darte el pecho y dejé de preocuparme porque mi leche no engordaba a preocuparme porque engordaba demasiado, paradojas de este mundo nuevo.

Has ido creciendo y cada día que pasa me doy cuenta de que te vas haciendo más niña y menos bebé.

Y me da alegría, pero también nostalgia. Quiero que crezcas, que experimentes, que aprendas. Pero también me da una punzada en el corazoncillo cuando intuyo que pronto empezarás a desplazarte ágilmente y quizás no vuelvas tanto la vista atrás para ver si yo estoy y te miro también. Aún así, me comprometo a respetar tu libertad y fomentar tu autonomía, porque sé que es lo mejor para ti.

Quisiera a veces detener el tiempo.

Me gustaría poder grabar en mi retina tus bracitos cruzados  mientras duermes o tu boquita abierta enseñando tu único diente. Y grabar en mis oídos como susurras mamá dulcemente o cómo te ríes con travesura. Y grabar también tu olor. Y la sensación de tu mano acariciando mi cuello o mi mano golpeando con suavidad y ritmo tu paquetillo. Porque el tiempo pasa rápido. Y yo a veces no tengo la suficiente presencia. Porque pienso en lo que tengo que hacer o ser y me pierdo lo que está siendo. Lo siento.

Aprenderé a estar más aquí y ahora contigo.

Me comprometo este año que viene a descansar mejor y cultivar de nuevo mi presencia para poder vivir más plenamente cada momento a tu lado.

Te deseo toda la felicidad, que cumplas muchos, muchos más y que seas lo que quieras ser.

Te lo digo, y te lo canto en esta nana que es para ti.

Quiero que seas libre

Con cariño, de tu mamá.

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