El latir de mi corazón en la bañera.

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No sabía qué me depararía escuchar el latir de mi corazón de nuevo…

Ya he empezado a cuidarme como quería.

Y una de las cosas que he hecho es darme un baño calentito. El sábado me preparé un baño con sal con música relajante y me sumergí como suelo hacer metiendo las orejas debajo del agua para disfrutar de esa sensación que tanto me gusta de dejarme mecer por el agua y aislarme del mundo unos instantes. A todo esto tenías que verme, porque mi bañera es minúscula y para hacerlo tengo que sacar las piernas por arriba. Vamos, un cuadro. Aún así, como dirían en Fitero, cómo lo gozo! Me encanta.

El problema es que después de encender el incienso, apagar unas luces, ponerme la estupenda música relajante, preparar el baño calentito con sal y sumergirme, mi vecina empezó a tender. Mi baño da al patio y mi vecina no sabe que la polea de las cuerdas de tender se puede engrasar. Por ello, desde hace ya unos años, cada vez que tiende nos enteramos todos los vecinos y el ruido que emiten esos engranajes oxidados no es precisamente una sinfonía celestial.

Me cagué en todo. Un segundo. Fue solo un segundo pero qué bien me sentó. Volví a sumergir mi cabeza en el agua y decidí disfrutar mi experiencia religiosa después de toda la parafernalia que había montado.

Yo podía decidir si dejaba que algo externo arruinara mi plan.

Y de repente escuché mi corazón debajo del agua. Ohhh, ¡cómo sonaba! ¿Has probado tú a escuchar el latido de tu corazón bajo el agua de tu bañera? Puedes escucharlo sin sumergirte, pero de esta forma suena mucho más, con más fuerza y presencia.

Me pareció que mi corazón emitía un latido precioso y cada vez que oía las cuerdas de mi vecina, me esforzaba tranquilamente por centrar mi atención en escuchar mi corazón y más o menos lo conseguía. Si alguna vez lo perdía, imaginaba en mi mente como sonaría hasta que las cuerdas dejaban de moverse y reaparecía mi latir.

Y entonces me di cuenta:

quiero escuchar más mi corazón.

Y también:

quiero dejar de quejarme de las interferencias externas.

Y:

yo tengo el poder de dirigir mi atención donde yo quiero.

Y fíjate, ahí me di cuenta también de que mi música relajante preciosa elegida por mí, en ese momento me sobraba, me distraía. Así que no es solo la vecina. Es la petarda de Beatriz, o sea, la menda, la que interfiere poniéndose música con lo que le gusta el silencio. Y ahí caí en la cuenta también:

Yo misma me distraigo y pongo interferencias que me dificultan escuchar mi corazón.

Y vuelvo como al principio de este año a mi objetivo prioritario: ¡priorizar!
Quitar distracciones, quedarme con menos cosas, ropa, hobbies, responsabilidades, cursos, compromisos, trabajos… Para quedarme con lo esencial. Quiero ponérmelo cada día más fácil para escuchar mi corazón y tener la atención, energía y tiempo necesarios para atender sus dictados.

“Todo lo que no llega a ser un compromiso consciente con lo sustancial, termina siendo un compromiso inconsciente con lo insustancial”

Y tú, ¿escuchas tu corazón a pesar de las interferencias? ¿Quieres comprometerte a priorizar mejor para dejar espacio en tus días para escuchar lo esencial?

Te enlazo a una entrada que escribí acerca de la gestión eficaz del tiempo por si te ayuda en este sentido:

Gestión eficaz del tiempo: organizar, priorizar y simplificar.

¡Hasta pronto!

¡Ah! Y aquí una recomendación acerca del corazón, este precioso libro de Annie Marquier que habla de la inteligencia del corazón y cómo utilizarla a nuestro favor para elevarnos y vivir una vida más plena. Este libro me acompañó en mi viaje a India y me pareció mágico:

MAESTRO DEL CORAZÓN

beatriz
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