La historia de Vir

Aquí va la historia de Vir. Me declaro fan de ella. Capacidad de escucha y sentido del humor por doquier que hacen mucha falta en estos lares. Una de las mejores cosas que me han pasado en este camino es conocerla. Gracias, Vir, por compartirnos tu historia como Mamá Original.

 

Nuestra historia de infertilidad empieza como muchas otras: pareja alcanza cierta estabilidad y decide crear una familia.

Comenzamos en marzo de 2014 y creíamos que sería coser y cantar.

Primer pensamiento: si me «quedo» sobre abril o mayo lo tendría para Reyes o así. Pero la cosa no ocurría. 

Creamos un grupo 2 amigas y yo y … ¿adivináis quienes estaban embarazadas al acabar 2014?. Ellas.

Bueno, será que no hemos atinado bien bien con las tiras de ovulación.  Llevábamos 9 meses y «por si aca » vamos a ir comentándolo con el gine de toda la vida. 

Segundo pensamiento: sabemos todo todo sobre como no tener bebes, pero comienza 2015 y no tenemos ni idea de qué van las pruebas que nos propone el gine. Pasamos por una primera tanda de análisis, incluso esa tan famosa cuyo nombre se asemeja a «supercalifragilisticoespialidoso». O al menos así me sonaba cuando me la nombraron la primera vez. Hasta me hizo gracia. Pero no, no me gustó. Nada nada. Cuando teníamos todo hecho pensamos: otra anécdota más para contar. 

Tercer pensamiento: Hechas todas las pruebas, verás como da la casualidad de que ese mes me quedo. Total, somos razonablemente jóvenes, no fumamos ni bebemos…, ¿qué puede salir alterado?

Primer jarro de agua fría: Si algo nos impactó como pareja fue esa tarde donde nos dijeron: es improbable pero no imposible. Relaciones como el ibuprofeno: 3 veces al día.

Y a partir de ahí acabó lo «diver» y «espontáneo» de la búsqueda casera y comienza nuestra peregrinación por clínicas.  

Va a ser que esto del bebé nos va a requerir además de tiempo un gran desembolso económico…  pero he oído que también puedo recurrir a la seguridad social cumpliendo ciertos requisitos.  Aquí empiezan las primeras decisiones en reproducción asistida. 

¿Sabéis esa atracción en la que vas subido en un coche y de repente se queda arriba del todo y ves desde ahí el vacío, en plan caída libre? Esa fue nuestra sensación. 

La cabeza te estalla con tanta información, empiezas a invocar a «San Google», ves infinidad de foros, multitud de clínicas… En una semana te has empapado tanto de esta temática que te da la impresión de que podrían convalidarte reproducción humana en la carrera de medicina.

Pruebas y pruebas… listas de espera aunque por aquel entonces ya había encontrado aquel grupo que sería mi tribu… mis aliadas en esto de la infertilidad. ¡Qué hubiera sido de mí sin ellas!

Cuando ya parece que esto se empieza a mover (enero 2016, recordad que todo esto empezó 2 años antes), te das cuenta de que: 

Segundo jarro de agua fría: Llevamos un año y medio perdido vagando por el desierto como pollos sin cabeza porque el tiempo es oro en la vida en general y en reproducción asistida, si hay algo más valioso que el oro, será eso. 

En este proceso, a la vez que paciencia y dinero, se requiere sí o sí un acompañamiento. El mío fue informal en un principio, pero imprescindible.

Cada pareja es diferente y según sus circunstancias lo lleva de uno u otro modo, pero en mi caso, me presionaban los comentarios de «el bebé para cuándo» así que decidí contar lo que sucedía. Si lo contáis, preparaos para comentarios de ánimo unos más acertados que otros.

Llegan embarazos porque aquí  ¡oiga! se embaraza todo el mundo salvo nosotros.  Aluvión de barrigas, carritos, amigos y familia con eso de «os tenemos que contar una cosa «, test de embarazo de esos que te chivan hasta las horas y minutos de los que estás embarazada para desayunar dia sí dia no. Y nosotros nunca. Y tras un periplo de pruebas que no voy a detallar porque ya conoceréis, comenzamos un tratamiento.

Tercer jarro de agua fría: Que te sometas a una FIV no implica que te vayas a quedar embarazada SÍ o SÍ. Aquí la lógica no existe.

Primera transferencia: Negativa. ¿Cómo puede ser?, si la dificultad es que papá ponga la semillita en mamá y eso ya nos lo han hecho… ¿cómo es que no cuaja?

Cuarto jarro de agua fría: Si hay días que se te hacen largos no… interminables, son los de la betaespera.

Quinto desengaño: Con el positivo no acaba todo. Mi segunda transferencia tuvo resultado positivo. Sí… positivo. Encima en esa idílica noche de Reyes, qué bonito recuerdo. Pero no… la siguiente enseñanza es que un positivo no es necesariamente un embarazo a término. Cuando llegamos a la eco (otro periodo de inquietud impresionante), había saco pero no embrión. Un palo. Gordo. Muy gordo.

En este momento en el que quieres hacerte un ovillo, dormir y despertar dentro de un año, está tu gente y ese acompañamiento maravilloso, ese abrazo en persona o a distancia que tanto bien hace. Para cuando las cosas no salen bien. Para darte orientación sobre qué pasos puedes seguir ahora y que para mí fue importantísimo para conseguir el positivo.

Y LLEGÓ NUESTRO MOMENTO. Tercera transferencia: Positivo. Pero de los buenos, del que el embrión está agarraíto y se queda los próximos 9 meses. En este caso, tuve un acompañamiento profesional y se notó en la forma de llevar todo. Es como sentir unos brazos que te levantan cuando no tienes ganas, cuando tienes dudas. O cuando las primeras semanas tienes sustillos, que tanta falta te hace.

El embarazo: en estas circunstancias no es moco de pavo. Las primeras semanas me invadió la incredulidad y el miedo. Porque sabemos.  Sabemos mucho. Porque llevas años sintiéndote una intrusa en tiendas de bebés. Porque llegué a pensar que el único carrito que merecía llevar es el de la compra. Porque en cada ecografía te quedas minutos sin respiración. Pero estás embarazada… aunque nunca se olvida. A mí me costó soltar lastre. 

Mi consejo es que luchéis porque se consigue, pero que también hay otros caminos que os pueden conducir a la felicidad.

Con acompañamiento es todo más fácil, si volviese a pasar por este proceso, sin duda invertiría en buenos médicos pero también en este aspecto.

VALE LA PENA LUCHAR POR LO QUE VALE LA PENA TENER.

SUERTE

 

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