Mi lactancia o cómo la exigencia frena los procesos fisiológicos y el soltar puede obrar milagros

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¿Quién dijo que fuera fácil ser madre? ¿Y quién dijo que fuera fácil la lactancia?

Yo era realista y sabía de las dificultades que podrían surgir en la lactancia.

Por eso leí, me informé, incluso fui a reuniones de un grupo de lactancia antes de parir. Ahí ya me di cuenta de lo desconectada que estaba de la lactancia porque no había visto prácticamente a una mujer dar de mamar. Y menos así de cerca, y menos con una persona que sabía mucho de ello corrigiéndola, dejando su pezón al descubierto para enseñarla la posición correcta para ofrecérselo a su bebé.

Aun así, a pesar de mi información y de mi preparación, no tenía leche.

Diagnóstico incial de mi lactancia: Teta seca.

Recuerdo perfectamente una enfermera entrar en la habitación con dos alumnos.

Primero me presionó la tripa con fuerza sin explicarme nada, luego supe que era para ver cómo iba mi útero.

Después me apretó las tetas pellizcándolas diciendo: pezón retráctil, areola clarita y no sale nada. No hay nada que hacer.

Me invento las palabras pero así las recibí yo.

Fue una sentencia. O quiso serlo.

Por suerte, yo ya había hablado con una matrona que había sido mi acupuntora. En caso de tener problemas con la lactancia vendría a verme al hospital pronto y así fue. Ella me estuvo explicando cómo estimular la secreción de calostro, cómo unas gotas eran un superalimento y bastaban por el momento.

Por la noche me estuve masajeando como me enseñó, noté que me subió la temperatura y salió algo de ahí aunque poco.

Por la mañana, me dijeron que mi niña necesitaba biberón y yo me entristecí mucho. No es lo que había imaginado. Después de mi parto soñado, esto era un chasco.

No confiaban en mis tetas.

Por suerte vino otra enfermera esa tarde que era la última tarde que pasaría en el hospital. Menos mal que coincidimos. Me vio muy afectada y yo le repetí las perlitas de frases que me había dicho su compañera y que yo quería dar pecho y me dijo:

Con las ganas que veo que tienes, vas a poder dar pecho, no sé cuánto ni cómo, pero ya te digo que lo importante es lo que tú quieras hacer y tú lo tienes muy claro y eso es lo que importa. Te lo digo yo que he visto a muchas mujeres.

Y me quedé con eso: Tú lo tienes muy claro y eso es lo que importa.

También es verdad que soy tauro y me dicen que soy persistente…

Tuve que relactar después de unas semanas de biberones. Me costó mucho, perdí parte de las primeras vivencias de mi maternidad por mi empeño. Reconozco que quizás perdí incluso el norte. Una enfermera del centro de salud me dijo que no merecía la pena perderme la crianza por la lactancia.

Ahora haría las cosas diferentes.

No es tan importante dar el pecho, lo importante es disfrutar de tu criatura y conectar con ella.

Pero no lo pude elegir, o no supe.

Tanto mis padres como mi pareja como una de mis mejores amigas me sostuvieron y apoyaron en cada una de mis decisiones y sé que sin ellos no habría podido mantener la lactancia. ¡Es tan importante este apoyo y esta confianza desde el respeto!

Cuando parecía tras unas obstrucciones y principios de mastitis que a los cuatro meses y medio sería el fin de la lactancia, ocurrió lo inesperado:

Fue el comienzo de la lactancia feliz.

Decidí dar todo el biberón que quisiera mi niña, aún a costa de que después rechazase mi pecho o fuese bajando mi producción y se destetara pronto. Dejé de sacarme leche por las noches para suplementar por el día. Dejé de obsesionarme con ‘tener que’ ser yo la que alimentara a mi niña.

Y fue una liberación.

Gozaba cada momento de la lactancia a sabiendas de que sería de los últimos, agradecida y contenta, reconociendo mi esfuerzo y tranquila con la decisión de no forzar más.

Justo después nos fuimos de vacaciones y hacía calorcillo. No teníamos que llevar casi ropa y amamantaba a María en bikini sintiendo su cuerpo pegado al mío, sus piernitas suaves y calentitas. ¡Y cómo lo gozaba!

Empecé a sentir en algún momento algo en mis tetas. Debía ser la famosa subida de la leche que no había sentido en todos esos meses. Y mi niña empezó a quedarse saciada con mi pecho sin pedirme después el correspondiente biberón para completar.

Como dormía mal, por las noches antes de acostarnos sí que le daba un biberón después de la última toma no fuera a ser que se despertara aún más.

Hasta que un día, unas semanas después, en la playa, recuerdo decir a mi pareja que hoy quería probar a no dar biberón por la noche a María porque sentía que no lo necesitaba.

Estaba durmiendo mejor y había engordado muchísimo en ese tiempo de biberones aunque ahora fueran cada vez menos frecuentes.

¡Y durmió mejor! Resulta que quizás dormía mal porque tomaba demasiado a última hora.

Y así pasé un mes y medio más aproximadamente alimentando solo de pecho a mi niña (hasta los seis meses y medio aproximadamente) Y ella siguió engordando prácticamente igual al mismo ritmo que con los biberones.

Y mi leche pasó de ser insuficiente o no alimentar a ser más que suficiente y engordar. De hecho recuerdo que mi angelito de la guarda en todo este proceso, Elisa de Multilacta, me habló de que a veces cambia la composición de la leche, se vuelve más grasa y engorda más.

¿Por qué creo que pude después de tanto tiempo quitar el biberón y alimentar solo de mi pecho a mi bebé?

Porque no quería hacerlo, fue algo colateral. Porque no estaba empeñada en la lactancia exclusiva, porque me reconcilié con un plan diferente al planificado (amamantar hasta los seis meses sí o sí), porque solté el control, bajé la autoexinecia y confié en la vida. Y porque finalmente me rendí a la evidencia y confié también en mi cuerpo de mujer y en mis pechos que alimentaban el cuerpo de mi bebé y le permitían crecer sana.

Este cuerpo de mujer que es esponjoso, fértil y nutritivo cuando una está relajada, de vacaciones o no, pero en calma y en paz, sintiendo el calor de otro cuerpo humano, contactando, liberando endorfinas y oxitocina para que manen todos los fluidos propios de nuestra feminidad.

Este cuerpo de mujer que se constriñe cuando se le imponen las cosas, que se bloquea ante las exigencias ya sean ajenas o propias, que se asfixia si no respira y disfruta la vida.

Este cuerpo de mujer, el tuyo, el mío, el nuestro, que solo quiere amor, comprensión, aceptación, gozo y liberación.

Y quiero compartirte algo más, a ti, mujer valiente, que quieres ser madre y no puedes quizás aún.
Creo que este click que me ha permitido disfrutar de la lactancia hasta más allá de los dos años de mi niña, también fue el que me ayudó a traerla al mundo.

Te explico.

Cuando dejé de estar empeñada en ser madre o en ser madre con mis óvulos, cuando me reconcilié con un plan diferente al planificado (pasar a donación de gametos o asimilar una vida sin hijos), cuando solté el control y confié en la vida, ahí funciono esa cuarta FIV mientras que no habían funcionado las tres anteriores siendo yo más joven y con una antimulleriana mucho mejor.

Porque el cuerpo responde a nuestras emociones y pensamientos. Y quitarle presión y estrés, siempre facilita sus procesos y puede incluso obrar milagros.

Últimamente veo tantos que ya me parecen hasta cotidianos.

¡Un abrazo y mucha suerte en tu camino, valiente!

Aquí tienes la web de Multilacta que organiza reuniones periódicas en distintos barrios y que a mí me ayudaron tanto:

Y aquí una entrada que escribió Tania Carrasco de RevolucionaT  que habla de la exigencia que nos caracteriza muchas veces a las mujeres:

Ser mujer y superar la autoexigencia

beatriz

pensamientos de 2 \"Mi lactancia o cómo la exigencia frena los procesos fisiológicos y el soltar puede obrar milagros\"

  1. Qué buen post! Me pasó algo parecido: como tuve parto de mellizas por cesárea, estuve bastante tiempo separada de ellas hasta que pude darles pecho y no tenía nada durante los 3 días del hospital. Tuvimos que darles biberon pero seguía poniéndolas al pecho cada rato cada día y al volver a casa, subió la leche y lo que hice fue lactancia mixta. A punto de cumplir los 2 años, las dos siguen tomando pecho y no tienen pinta de querer dejarlo. Para mí la lactancia ha sido muy sacrificada porque no puedes ni separarte una noche de ellas, pero al mismo tiempo muy bonita, porque se crea una conexión muy especial. Ahora me gustaría destetarlas pero quiero respetar sus necesidades, así que bueno, pues hasta que ellas quieran. Un abrazo bonita!

    1. Hola Masha, perdona que no me saltó notificación del comentario y acabo de verlo! Mi lactancia también fue muy sacrificada y al mismo tiempo preciosa cuando me quité presión y empezó a fluir. La verdad que me parece increible que hayas podido lactar a las dos tanto tiempo y tomando también biberón que a veces lo prefieren y dejan el pecho. Pero parece que las tuyas no, jeje. Yo la verdad que ahora mismo feliz de pensar que puedo ir a dar un curso un fin de semana sin que tengan que venir conmigo o irme yo misma a pasar una noche con amigos sin preocupación. Espero que cuando llegue el día del destete sea natural y fácil para las tres y mientras tanto, a disfrutar esos momentos de conexión especial! Un abrazo!!

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