Que la falta de tiempo no te impida buscar ayuda.

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Esta artículo acerca de la falta del tiempo perfectamente podría haberse titulado también Cómo sacar tiempo para lo que de verdad importa. Muchas veces me he encontrado con personas que se interesan por la terapia que empleo que encima de eficaz y amable, se caracteriza por ser rápida en comparación con otras. Algunas de ellas, me han confesado que les vendría muy bien pero que en este momento tienen muchos frentes abiertos y están muy agobiados para sacar tiempo para venir o hacer las sesiones por Skype.

En este post, Lorena de Diego, psicóloga y experta en productividad personal, te explica cómo sacer tiempo para lo que importa realmente y hacer frente a tus excusas para, en concreto, hacer terapia.

Que la falta de tiempo no te impida buscar ayuda.

La falta de tiempo parece ser un problema que afecta a demasiadas personas. Sabemos que el tiempo es el mismo para todos y que es algo estable, sobre lo que no podemos influir: cada día tiene 24 horas para todo el mundo. Aun así, nos quejamos por no tenerlo, imaginamos qué haríamos si tuviéramos más e incluso envidiamos a otras personas que parecen tener más que nosotros. Pero lo que llamas falta de tiempo es en realidad una consecuencia de la mala planificación y la falta de prioridades claras.

Seguro que te gustaría tener más tiempo libre o para descansar, leer más, viajar, tener ocio, ver más a tus amigos y familia o dedicar más tiempo a tu bienestar. Puedes conseguir todo esto replanteando tu sistema de organización y aplicando pequeños cambios; verás que tu día a día mejora bastante.

El verdadero problema surge cuando la falta de tiempo te impide hacer cosas realmente importantes. Es una pena renunciar a un poco de ocio o vida social por falta de organización. Pero si hablamos de actividades más cruciales, como el autocuidado, las consecuencias pueden ser mucho peores.

El autocuidado incluye muchas acciones, desde pequeños gestos hasta acudir a terapia para trabajar tus dificultades. Aunque todos los autocuidados son importantes, hay algunos mucho más cruciales. Está claro que el descanso, la alimentación y el ejercicio son formas muy buenas de proporcionarte cuidados, pero en ningún caso pueden sustituir la ayuda de un profesional cuando lo necesitas.

Por eso, antes de posponer un autocuidado tan importante como la ayuda profesional, deberías reflexionar sobre algunos aspectos.

 

Lo importante y lo urgente.

Vivimos en un momento en el que manda lo inmediato; todo parece urgente y queremos resultados rápidos. La consecuencia es que muchas veces cuesta diferenciar entre lo que es urgente y lo que es importante.

  • Algo es urgente cuando tiene un plazo definido que está relativamente cerca. Pero la urgencia no dice nada sobre la relevancia de esa tarea.
  • En cambio, algo es importante cuando va a tener consecuencias significativas a corto, medio o largo plazo.

Con estas definiciones, lo lógico sería dar más peso a lo importante, a aquellas tareas o actividades que van a tener un impacto significativo en tu vida. Pero demasiadas veces te dejas llevar por la urgencia, porque ese plazo establecido, que está cada vez más próximo, hace que la tarea parezca más relevante de lo que es.

Cuando hay muchos frentes abiertos, con tareas pendientes, actividades y compromisos, pierdes la perspectiva. Lo importante se va aplazando y te pasas el día cerrando tareas urgentes, que tendrán pocos efectos en el medio y largo plazo.

El problema es que las actividades de autocuidado nunca parecen urgentes porque no tienen un plazo de finalización.

Para entregar un trabajo, hacer una compra o responder a una petición los plazos son muy claros; en cambio, parece que tienes “toda tu vida” para resolver tus conflictos o dificultades en una terapia.

Si preguntas a cualquier profesional que se dedique al bienestar y el crecimiento personal, te dirá que nunca es tarde para empezar a trabajar. Pero también te dirá que cuanto antes empieces, más sencillo resultará y durante más tiempo vas a poder disfrutar del resultado. Así que no dejes que todas esas tareas y compromisos urgentes te alejen de lo verdaderamente importante, que es trabajar tu bienestar mental y emocional.

 

Las excusas y los motivos.

Otra diferenciación sobre la que debes trabajar es identificar tus excusas y separarlas de tus motivos. Pueden parecer lo mismo, pero son cosas muy diferentes, que hay que tratar de distinta manera. Tanto las excusas como los motivos son las justificaciones que das para no hacer determinadas actividades, pero la diferencia es grande:

  • Los motivos escapan a tu control, son cosas que no puedes predecir, que no dependen de ti y que realmente te impiden cumplir esa actividad.
  • Las excusas suelen tener diferentes interpretaciones y puedes tener un mayor control sobre ellas. Y, como habrás observado, la falta de tiempo es una de las excusas más utilizadas.

 

Por ejemplo, si te has propuesto hacer ejercicio, una enfermedad o lesión serían un verdadero motivo para no hacerlo. Pero la falta de tiempo es una excusa, porque sabes que puedes hacer ejercicio en ratos cortos o renunciar a otras actividades menos importantes.

Sucede lo mismo con acudir a una terapia. Puede que te parezca que una hora semanal, más el tiempo de desplazamiento, es algo que no puedes asumir. Pero si lo piensas un poco más, seguro que encuentras la manera de sacar ese tiempo.

  • Puedes organizar de manera más eficiente otras actividades para que consuman menos tiempo.
  • O tal vez puedes reducir, eliminar o delegar actividades que no son tan importantes para ti.
  • Puedes ajustar los horarios, agrupando tareas para tener ese tiempo libre a la semana.
  • También puedes beneficiarte de la tecnología y optar por sesiones on-line, ahorrando tiempo en desplazamientos.

 

¿Un gasto o una Inversión?

Igual que los bienes o el dinero, el tiempo es un activo que debes saber administrar. Una buena gestión implica decidir de manera estratégica dónde vas a poner ese recurso, diferenciando entre lo que es una inversión y lo que es un gasto.

La clave para distinguir estas dos maneras de usar tu tiempo se ve más a largo plazo. En ambos casos, renuncias a una parte de tu tiempo haciendo determinada tarea o actividad, es decir, a corto plazo, ese tiempo se pierde. Pero a largo plazo las inversiones generan beneficios, mientras que el gasto suele quedarse en una gratificación inmediata.

Puedes utilizar esta perspectiva cuando tengas que buscar tiempo para recibir ayuda y trabajar en tu desarrollo personal. Una hora de sesión con un terapeuta puede proporcionarte muchísimos más beneficios que una hora haciendo, por ejemplo, recados o tareas personales. Así que, si tienes que recortar tiempo, es mejor hacerlo de aquellas actividades que no dejarán una huella importante en tu vida.

 

Establece tus prioridades.

Las situaciones límite o dolorosas tienen un efecto sorprendente sobre nuestra percepción del tiempo y de cómo lo invertimos. Ante un acontecimiento disruptivo, como una ruptura, la pérdida de un trabajo, una enfermedad grave o despedirse de un ser querido, la visión de tus prioridades cambia.

No es que, de un día para otro, descubras qué es lo importante en la vida; ya conocías tus prioridades, pero estaban enterradas bajo un montón de eventos cotidianos. Sucede lo mismo con la percepción del tiempo y la relevancia de tus acciones. Si, por desgracia, has experimentado uno de estos momentos traumáticos, habrás podido comprobar que te cuesta menos rechazar tareas y que no dudas en hacer aquello que es importante.

Empiezas a percibir ciertas acciones como innecesarias y descubres que el mundo no se acaba si dejas de perder tiempo en lo que no es relevante. Las actividades urgentes y poco significativas desaparecen de tu lista y te permites concentrar tu energía y atención en lo importante.

La buena noticia es que no hace falta pasar por una de estas situaciones límite para dar prioridad a lo importante. No es necesario sufrir para tomar medidas y reflexionar sobre lo subjetiva que es la percepción de tu tiempo. Puedes adelantarte y establecer tus prioridades ahora.

Un ejercicio que puede ayudarte es poner tus prioridades por escrito y dejarlas en un lugar visible durante tus momentos de planificación. Así las tendrás más presentes y te ayudarán a decidir en qué vas a invertir tu tiempo. Por ejemplo, como una de tus prioridades es (o debería ser) tu bienestar personal, antes de aceptar una tarea, enfréntala con esta prioridad. Si crees que la actividad va a ayudarte a alcanzar tu objetivo, busca un hueco en tu agenda y asocia a esta tarea una prioridad alta. Si, por el contrario, ves que no es una tarea relacionada con tu prioridad, elimínala o limítala al tiempo que te quede después de hacer lo importante.

 

En resumen

Como ves, en la mayoría de los casos la falta de tiempo solo es un síntoma, no el verdadero problema que te impide buscar ayuda. Puede que no tengas claras tus prioridades, que te cueste pedir ayuda, que sientas culpa o vergüenza por dedicar tiempo a tu bienestar o que iniciar un proceso terapéutico te dé algo de miedo.

Todas estas respuestas son normales y comprensibles, pero no deberían impedir que dieras el paso ni ser un estorbo para tu crecimiento personal. Es importante prestar atención a estas respuestas, gestionarlas adecuadamente, evitando disfrazarlas con excusas como “no tengo tiempo”.

Soy Lorena de Diego, psicóloga y experta en productividad personal. Desde Táctica Práctica te ayudo a trazar un plan para alcanzar tus objetivos, mejorando tu organización e incorporando los hábitos adecuados.

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Aquí te comparto una entrada que compartí hace tiempo relacionada con la gestión del tiempo también por si es de tu interés:

Gestión eficaz del tiempo. Organizar, priorizar y simplificar

beatriz
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