La disociación. Qué es, para qué sirve y algunas claves para abordarla en terapia

La disociación es el mecanismo adaptativo por el cual aislamos determinados aspectos de una experiencia y los encapsulamos fuera de la conciencia para mantenernos funcionales.

Este artículo no pretende ser un compendio de citas extraidas de una revisión bibliográfica sino más bien un resumen de mis reflexiones acerca del proceso disociativo, sus implicaciones para la sanación del trauma y un par de aspectos claves para manejarla en terapia.

Disociacion es desconexión.

Disociaciarse es desconectarse sin darse cuenta o sin hacerlo voluntariamente.

La vemos muchas veces en terapia cuando una persona nos dice que no recuerda determinada época de su vida o cuando nos narra una experiencia traumática que aún es dolorosa y la narra sin ninguna emoción.

La disociación fue la herramienta que nos permitió seguir adelante en un contexto hostil o negligente demasiado doloroso para enfrentarlo sin daños mayores.

Seguramente si no hubiéramos aprendido a disociarnos, el grado de psicotización al que habríamos llegado nos habría dejado no operativos para las exigencias de la vida corriente (esto sería para otra entrada).

Pero al mismo tiempo, este inteligente mecanismo que nos salvó, hoy nos impide conectar con nuestro trauma para poder sanarlo.

Sin conexión, no hay sanación.

Y al mismo tiempo, sin respeto, comprensión y paciencia con nuestras partes disociativas no habrá conexión posible con ellas.

La palabra clave para trabajar la disociación es seguridad.

La segunda palabra clave sería elección.

Lo primero de todo, estas partes disociativas necesitan sentirse comprendidas en un entorno seguro para poder relajarse y dejar de ejercer su férrea labor de mantenernos a salvo de un contenido demasiado intenso que pondría en riesgo nuestra estabilidad.

Por ello es necesario en terapia dedicar un tiempo a construir y evidenciar (hacer consciente) esta seguridad.

Muchos terapeutas se saltan este paso y no solo no ayudan a las personas a sanar sino que pueden incluso retraumatizar.

Es importante además educar a la persona acerca del origen y las consecuencias de la disociación.

Este mecanismo de disociación que fue tan útil en determinados momentos inseguros de nuestra infancia, quizás se ha convertido ahora en una respuesta masiva generalizada cuando hay una percepción ligera de amenaza (que quizás no se corresponde con una amenaza real).

Por ejemplo, cuando nuestra pareja alza un poco el tono de voz porque está molesta por algo, o cuando el jefe nos pide una reunión…

En ese caso esta desconexión nos separa de nosotros mismos impidiéndonos al mismo tiempo conectar e intimar con un otro.

Lo ideal sería ser capaces de disociarnos toda la vida.

Pero no estar toda la vida disociados!

Sino poder hacerlo a voluntad y con conciencia.

La segunda palabra clave en el trabajo de disociación es elección.

La disociación se dio en un contexto en el que las respuestas adaptativas al estrés que son la lucha y la huida no podían tener lugar.

Ni podíamos enfrentarnos ni podíamos escapar de aquel entorno peligroso o falto de atención o cuidados.

Por tanto solo nos quedó la opción de congelarnos, alejarnos de la experiencia y separarnos de nuestros cuerpos y nuestras emociones para poder lidiar con tal intensidad de dolor.

Estas primeras experiencias de disociación han ocurrido normalmente en nuestra infancia.

Y la infancia es un momento de suma vulnerabilidad en el que dependemos totalmente de nuestros cuidadores principales.

Sin embargo, hoy en día somos adultos capaces de tomar nuestras propias decisiones, alejarnos de ambientes tóxicos, poner límites y hacer respetar y atender nosotros mismos nuestras necesidades.

Por ello es importante ayudar a la persona a conectar con su parte adulta. Y hacerle saber que ya no necesita disociarse porque ahora hay más opciones.

No es necesario sanar al niño interno herido y disociado, si no encontrar al adulto responsable y capaz de hacerse cargo de él.

Y este adulto además de necesitar seguridad, necesitas saber que ahora puede elegir.

Necesita darse cuenta de que ahora hay opciones: puede tratar de hablar y poner límites asertivos, puede marcharse, puede enfrentarse o puede quedarse disociándose o complaciendo. 

Todas las opciones pueden tener sentido en un momento dado. Lo importante es hacerlo con conciencia y siendo conscientes tambén de que es una respuesta elegida, no una reacción automática.

El trauma fue la no acción no elegida.

Fua la congelación o disociaciónporque no se percibía otra alternativa, con la consiguiente impotencia o indefensión aprendida.

Fue experimentar una carga de estrés intensa y no poder liberarla quedando toda esta química atrapada en nuestro cuerpo.

La lucha o la huida son respuestas saludables ante experiencias estresantes que permiten dar resolución a la vivencia y dejar un poso de capacidad.

La disociación, en cambio, es la no respuesta.

Y deja un poso de incapacidad.

De indefensión aprendida.

 

Es importante ir ayudando poco a poco a la persona a tomar conciencia de cuándo la disociación está tomando protagonismo en la escena.

Y un@ mism@ se está invisibilizando.

Y ayudar a la persona a comprender que aquí está segura y que como adulta que es ahora tiene más recursos y la capacidad de elegir, y eso lo cambia todo.

 

Y mostrarla que ese mecanismo de disociación que tan beneficioso fue en su momento, hoy perpetua el trauma impidiéndonos acceder a él.

Las heridas físicas necesitan estar abiertas al medio para poder supurar y permitir ser sanadas.

De la misma forma nuestros traumas (heridas de la psique) necesitan estar abiertos para poder llorarlos y liberarlos.

De una forma amable, pausada y respetuosa, pero conectada.

Poco a poco, a su debido tiempo, nuestras partes protectoras disociativas van ganando la confianza suficiente para relajarse y abrirnos las puertas para conectar con ese dolor antiguo y poder sanarlo.

Y el resultado de esta liberación de dolor atrapado no es solo un alivio del sufrimiento, sino una recuperación de energía vital y una experiencia mayor de conexión con nosotros mismos y con el otro.

Pasito a pasito, la disociación se irá haciendo menos habitual y la confianza en la conexión contigo y con el otro, más familiar, segura y placentera.

Para profundizar más te dejo algunas sugerencias:

La disociación puede conllevar un apego evitativo. Lee esta entrada para saber más de esto:

No se puede encontrar la paz evitando la vida

No se puede encontrar la paz evitando la vida

Una consecuencia posible de la disociación es la somatización inconsciente, Aquí puedes leer más de ello:

Retroflexión. Somatización inconsciente.

Aquí te explico en vídeo qué es el trauma.

Aquí tienes testimonios de personas que han probado la terapia IntegraTE apara vivir vidas menos disociadas y más conectadas.

beatriz

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