El triángulo dramático de Karpman

triangulo dramatico

Hoy voy a hablarte de algo que me ayudó a comprender mejor mis relaciones: el triángulo dramático de Karpman.

Yo también lo llamo “traumático” en lugar de dramático, porque proviene de mecanismos de defensa que hemos aprendido en nuestra infancia, ya que han sido nuestras mejores estrategias para adaptarnos a las experiencias adversas, o traumas, que hemos tenido.

Aquí tienes la entrada por escrito pero puedes verla también en video y pronto en formato podcast al final de la entrada.

Los roles del triángulo de Karpman son tres: “perseguidor” (o acusador), “salvador” y “víctima”.

Estos roles no son nuestra mejor versión sino los papeles que hemos desarrollado para sobrevivir, por eso podríamos llamarlo también triángulo de la supervivencia…

El triángulo opuesto al triángulo de Karpaman sería el triángulo amoroso de la vida plena, también llamado triángulo ganador por Acey Choy.

Todos en algún momento nos comportamos como salvadores, víctimas o acusadores, pero vamos a ver si puedes entender de dónde vienen estos papeles y puedes indentificar en ti alguno de ellos.

¿Cómo interiorizamos los papeles del triángulo dramático de Karpman?

Estos roles a veces los hemos modelado de nuestros padres, es decir los hemos aprendido por ver a nuestros padres actuarlos y copiarlos nosotros inconscientemente.

Pero otras veces nos han etiquetado con ellos: la llorona, la niña buena que cuida de todos, la enfadica… Y así hemos aprendido a identificarnos con las etiquetas impuestas.

En otras ocasiones, nos han reforzado determinados comportamientos queriéndonos solo cuando obedecíamos y cuidábamos (reforzando nuestra salvadora) o sobreprotegiéndonos, como si no pudiéramos hacer nada (reforzando nuestra víctima).

Ahora. vamos a ver cómo es cada uno de ellos.

triangulo Karpman

Los tres roles del triángulo dramático de Karpman:

El perseguidor:

El “perseguidor” acusa, crítica, tiene claro lo que está bien y mal, es muy de extremos, tiene un poco de arrogancia y superioridad, los demás son todos unos inútiles….

Además, es incapaz para aceptar su parte vulnerable, así como para aceptar la parte vulnerable o victimista de los demás. Tiene mucha ansia de control, de que las cosas se hagan como espera.

Hay tres subtipos de perseguidores.

  • Uno que es más contundente, con una energía alta y más volcada hacia fuera.
  • También hay un “perseguidor” que busca castigar, pero de una forma más sutil; los que van de mosquita muerta, pero hacen o dicen eso que saben que hace tanto daño.
  • Y luego está el “pasivo – agresivo” en la comunicación, que es el que evita lo que tiene que hacer, aunque eso tenga repercusiones negativas para los demás… Es el que evita sentarse a hablar de un conflicto, pero mantiene la tensión y hace daño igualmente.

El salvador.

El rol del “salvador” hay que mirárselo muchos de los que somos terapeutas o nos hemos metido en una profesión de ayuda porque, muchas veces, hemos aprendido a funcionar con este rol desde muy jovencitos, incluso haciendo de padres de nuestros propios padres.

Las necesidades de los demás son más importantes que las nuestras de las cuales, a veces, no estamos ni al tanto.

Tienden a hacerse cargo de los problemas de otros quitándoles así autoridad y sintiéndose en el fondo superiores y buenas personas. Y, aunque (teóricamente) lo hagan sin esperar nada a cambio, como en realidad lo hacen basándose en sí mismos, les genera sacrificio y resentimiento; esperando que les paguen con la misma moneda. No se trata, por tanto, de una ayuda tan altruista, si no de una necesidad de ser niños buenos, de reconocimiento, así como de ser necesario para los demás.

En este juego de desvivirse por los demás dejan de habitar sus propias vidas con tal de no atender su propio sufrimiento, buscando víctimas a las que salvar.

La víctima

El rol de “víctima” es el de la persona cuando se siente frustrada, indefensa o impotente, que no puede hacerse cargo de sus problemas y todo se le hace demasiado grande o él se siente demasiado pequeño.

Cuando cumplimos este rol, presentamos estados muy infantiles, llegando incluso a tener una voz o gestos infantiles.

Nos sentimos inferiores y buscamos que la gente haga cosas por nosotros, lo cual, nos genera tristeza, impotencia y frustración. Desde este rol necesitamos seguridad y protección, y creemos que es el/la otr@ quién tiene que dármelo. No nos sentimos capaces de imponer autoridad o movilizar nuestra energía para generar nuestro propio cambio.

Desde dicho rol, buscamos excusas que justifican no poder hacer algo que nos sentaría bien… El “sí, pero” …

¿Cómo podemos salir del triángulo dramático de Karpman y pasar al triángulo amoroso?

Lo primero de todo, tenemos que darnos cuenta de cuándo estamos en cada uno de estos roles.

Sé honest@ contigo y reconoce si tiendes a adoptar alguno de estos roles en cualquiera de tus contextos (trabajo, familia, amigos…).

Presta atención a tu fisiología y movimientos cuando te des cuenta de que estás actuando bajo el influjo de este rol. Fíjate en cómo respiras, cómo te mueves, cómo gesticulas, si te vas hacia delante o hacia atrás, si mantienes contacto visual (o lo evitas), cómo es tu tono de voz y qué sientes en tus mandíbulas y en la línea media de tu cuerpo o en la garganta.

Toda esta comunicación no verbal (y también la verbal) son muy diferentes en cada rol. Por ejemplo:

  • En el rol “perseguidor”, podemos echarnos hacia delante y sentir tensión en las mandíbulas.
  • En el rol “salvador” (cada uno lo puede sentir diferente) se suele sentir presión a la hora de respirar porque estamos más encorsetados.
  • El rol de “víctima” nos deja con una energía muy bajita que tira hacia abajo.

Lo primero de todo, siente cómo se manifiestan esos tres papeles en ti para después, cuando te des cuenta, poder salir de “ahí” para darte un tiempo de respiro.

¿Qué hacer según el rol del triángulo dramático de Karpman en el que te hayas descubierto?

Salir del perseguidor.

En el papel de “perseguidor”, lo primero de todo, respira y en cada exhalación trata de descargar la rabia, porque este rol tiene mucha rabia; ya sea de una forma más obvia o sutil como en el “castigador”.

Después permítete conectar con tu vulnerabilidad y abrazarla desde una energía más femenina que suele escasear en este rol. Reconoce tus carencias para no enfocarte solo en las de los demás. Y  reconoce las partes que los demás sí hacen bien y agradéceselas.

Además, responsabilízate del daño que has podido hacer para poder repararlo.

Y para continuar la sanación de este rol (que ya sabemos que adquiriste por supervivencia), es importante que empieces a ejercer tu “asertividad”. La asertividad es tu capacidad de pedir lo que necesitas, sin exigirlo, sabiendo que el otro puede decirte que no y, en vez de imponiendo, negociando en un “Win-Win”, desarrollando tu empatía para poderte poner en el lugar de la otra persona.

Salir del salvador.

En cuanto al rol de “salvador”, después de detectarlo, siente la culpa y el sacrificio en ti, y permítete darte cuenta de cómo estás y qué necesitas, que es algo que no estás acostumbrado a hacer.

Prioriza tus necesidades y da, solo a los demás, cuando tengas energía, tiempo y recursos suficientes. Haciéndolo solo lo que te piden si te lo solicitan, y no dando consejos y/o ayuda que no te hayan pedido.

Responsabilízate de ti haciéndote cargo de tu propio sufrimiento, pudiendo mirarlo de frente. Para ello, proponte pasar del rol de “salvador” al de “ayudador sano”, que solo ayuda si el otro lo pide, pactando claramente en qué punto ayudar y haciendo que el otro ponga más de su parte.

Salir de la víctima.

Y si te identificas en el rol “víctima”, con una energía bajita, indefensa y te sientes pequeñito; te invito a tratar de pasar al rol de “persona vulnerable”, pero proactiva, que reconoce que está pasando por un momento difícil y duro para tratarse con compasión. Y que, al mismo tiempo, decide mirar sus puntos fuertes y recursos, así como las personas de su entorno que pueden apoyarle. Pero no para apoyarse solo en ellas y no recorrer su propio camino, sino para que sirvan de guía y apoyo puntual.

Cuando estés en este rol, date cuenta de las excusas que te pones para buscar soluciones en vez de excusas. Y recuerda los recursos que has involucrado en otros momentos de tu vida para salir adelante!

¿Cómo has hecho otras veces para afrontar situaciones difíciles? ¿Dónde están tus fortalezas y recursos? ¿Cómo puedes ejercer tu autoridad?

Para ello es necesario moverse, así que tenemos que mover el cuerpo para salir del estancamiento: Para sentirte más energético y más empoderado, camina, corre, baila, haz sentadillas…

Empieza a cuidarte tú en vez de esperar que otros lo hagan.

 

Recursos para salir del triángulo dramático de Karpman

Otro recurso es, una vez que hayas detectado tu corporalidad, poner un nombre a cada rol. Pon nombres a los “personajes” ya que te ayudará a des-identificarte. El humor te dará perspectiva y te permitirá elegir ¿quiero esto ahora?

Conecta con tu compasión para ver estos “personajes” en ti como mecanismos de afrontamiento de adaptación ante heridas que no sabías afrontar de otra manera. De esta manera, será más fácil generar conexión con otros cuando identificamos en ellos a nuestros propios “personajes”, comprendiendo entonces que no somos nosotros sino consecuencias de nuestra herida.

Podemos, de una forma más consciente, relacionarnos con los demás desde nuestra versión más amorosa, asertiva, vulnerable y ayudadora sana.

Puedes salir del “drama” del triángulo dramático de Karpman, para empezar a vivir una vida más plena conectando contigo y con los demás. ¿Te atreves?

 

Si quieres ver esta entrada en video , aquí la tienes en dos vídeos, con algún contenido extra:

Vídeo 1: Triángulo dramático de Karpman:

VIDEO 2: Triángulo ganador de Acey Choy

 

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